• Miguel Fernandez del Olmo

La fatiga en Parkinson

Una de las cuestiones que tenemos que tener presente cuando diseñemos rutinas de entrenamiento a pacientes con Parkinson es la FATIGA. Y no me refiero a la sensación que cualquiera de nosotros podemos sufrir tras realizar ejercicio físico. La fatiga puede constituir un síntoma de la enfermedad de Parkinson.


Recientemente, tomando un café con un compañero y paciente de Parkinson, me comentaba que estaba realmente satisfecho con su entrenador personal pero que en ocasiones, tras la sesión de entrenamiento, se encontraba realmente fatigado, no una fatiga como la que recordaba cuando aún no se le había diagnosticado y probablemente no sufría la enfermedad. Si no una sensación mucho más intensa y compleja.

La fatiga ha sido definida como una sensación intensa de cansancio, falta de energía y sentimiento de estar exhausto. La fatiga en un problema muy común y severo en la enfermedad de Parkinson y, desafortunadamente, se desconoce casi por completo todo aquello relacionado con la misma con excepción de su epidemiología. La fatiga afecta aproximadamente dos tercios de los pacientes y es señalada como el síntoma más severo en un 15-33% de los pacientes, y como uno de los tres


peores síntomas en un 50%. Aunque la fatiga se asocia con la depresión y los trastornos del sueño, también es común en pacientes que no padecen esas condiciones. Tampoco parece estar directamente asociado con una mayor severidad de la enfermedad. La realidad es que se desconoce totalmente la etiología (origen) de la fatiga en la enfermedad de Parkinson.

Desde un punto de vista práctico, la fatiga en la enfermedad de Parkinson, nos debe de preocupar por dos motivos fundamentales. En primer lugar, para establecer la dosis adecuado de ejercicio físico (volumen/intensidad) y en segundo lugar, por el impacto que la fatiga puede tener en el perfil de actividad física del paciente.


En relación al primer punto, nuestra sesión de entrenamiento debe garantizar un efecto suficiente para que se produzcan adaptaciones, pero que a la vez no impida al paciente continuar con sus actividades diarias. Esto no es sencillo y únicamente una comunicación continua y diaria entre entrenador y paciente puede permitir encontrar la dosis de entrenamiento adecuada. En relación al segundo punto, los estudios sugieren una asociación entre la fatiga y la actividad física, de modo que los pacientes que padecen elevados niveles de fatiga son físicamente menos activos. Sin embargo, parece que el nivel de fatiga explica una pequeña parte de la inactividad física de estos pacientes, indicando que la fatiga únicamente juega un pequeño papel en el complejidad de los aspectos relacionados con el comportamiento que afectan a la cantidad de actividad física en pacientes con Parkinson.


Referencias


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Karlsen, K., Larsen, J. P., Tandberg, E., & Jorgensen, K. (1999). Fatigue in patients with Parkinson’s disease. Mov Disord, 14, 237–241.

Friedman, J. H., & Friedman, H. (2001). Fatigue in Parkinson ’ s Disease : A Nine-Year Follow-Up, 16(6), 1120–1122. http://doi.org/10.1002/mds.1201

Krupp, L. B., LaRocca, N. G., Muir-Nash, J., & Steinberg, A. D. (1989). The fatigue severity scale. Application to patients with multiple sclerosis and systemic lupus erythematosus. Arch Neurol, 46, 1121–3.


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