• Miguel Fernandez del Olmo

Homenaje a JOHN ROTHWELL

¿Quien es John Rothwell?

John estudió fisiología en Cambridge y realizó sus estudios de doctorado en el King's College de Londres, bajo la supervisión de David Marsden (Marsden ha sido descrito como "posiblemente el neurólogo académico y neurocientífico líder de su generación en el Reino Unido"). Más tarde, el profesor Rothwell se hizo cargo de la Unidad de Equilibrio y Movimiento Humano en Queen Square después de la prematura muerte de Marsden en 1998 y la convirtió en una punta de lanza en el campo del control de motor.



Para los "amantes" de la métrica investigadora mencionar que John Rothwell ha publicado más de 750 artículos, ha sido citado 117.265 veces y tiene un índice H de 179. Pero creo no equivocarme si digo que John desconoce incluso que es el índice H. Métricas a parte, su trabajo ha transformado la neurofisiología humana del movimiento sano y patológico. Ha sido uno de los pioneros en la estimulación cerebral no invasiva, en particular en la técnica denominada estimulación magnética transcraneal (TMS). Su advenimiento ha permitido el estudio no invasivo de las vías corticoespinales humanas, durante la planificación y ejecución del movimiento, y la investigación de los cambios cortico-corticales y cortico-espinales que ocurren en los diversos trastornos del control del movimiento humano. Pero aunque su últimos años como investigador se ha centrado en el uso de la TMS, seguramente sea de las las pocas personas que poseen una gran profundidad y amplitud de conocimientos, resultado de sus estudios, sobre reflejos, propiocepción, vías descendentes, cerebelo, ganglios basales y corteza motora en salud y enfermedad; una lista que está lejos de ser exhaustiva. De hecho reto al lector a que realice una revisión bibliográfica sobre cualquier tópico de neurofisiología sin que aparezca numerosos trabajos de John.


Curiosamente, a pesar de que John no es un médico y, por lo tanto, no está involucrado en la atención inmediata del paciente, muchos de sus estudios han proporcionado nuevos conocimientos relevantes sobre las opciones de tratamiento para pacientes con trastornos del movimiento. Como un ejemplo, los estudios detallados sobre el mecanismo de acción subyacente a tratamientos como el lorazepam, la toxina botulínica o la cirugía cerebral para la enfermedad de Parkinson. Un estudio particularmente atractivo, realizado en un paciente distónico mientras tocaba el piano con y sin retroalimentación auditiva, proporcionó nuevas y provocativas ideas sobre el papel de la música como tratamiento novedoso para las personas con distonía (y quizás otros trastornos del movimiento) , un enfoque que desde entonces ha ganado mucho impulso entre pacientes, científicos y médicos.


Mi experiencia con John Rothwell

En el año 2005 tuve la gran oportunidad de incorporarme al laboratorio de John. Durante los dos años siguientes de trabajo en su laboratorio no solo me formé y mejoré como investigador sino que me permitió conocer la verdadera dimensión investigadora de John. Habitualmente, muchos investigadores que realizan formaciones postdoctorales en el extranjero tienden a pensar previamente que el director del laboratorio al que se incorporan es el investigador más brillante, inteligente y productivo, de ahí que hayan decidido ir a trabajar bajo sus ordenes. Este no ha sido mi caso, mi elección para ir al laboratorio de John se basó en dos razones: la primera, y no la más decisiva, era adquirir experiencia en el uso de la TMS, y siendo conocedor de la vasta producción de John en esa técnica (lógica en parte como pionero de la misma) la decisión estaba clara.


En la imagen, estimulando a mi gran amigo Binith Cheeran

Pero la razón primordial por la que elegí el laboratorio de John es porque, durante la realización de mi tesis doctoral cayó en mis manos un ejemplar de su libro Control of Human Voluntary Movement (CHVM), y ahí cambio todo. Nunca un libro de control motor ha tenido tanto impacto e influencia en mí como el libro CHVM. Actualmente, existen una gran oferta de libros de neurofisiología y control motor, y soy un ávido lector de los mismos, pero ninguno de ellos por muy actual que sea o por muy buen diseño editorial que tenga se le acerca al nivel de reflexión de CHVM. Y eso que únicamente se han hecho dos ediciones, la primera en 1987 y la segunda y última en 1994, y lo que es más importante, todo el libro ha sido escrito por un único autor, John Rothwell. Animo aquí a cualquier amante del control motor a proceder con su lectura. Me quedaba claro entonces, que mi formación postdoctoral tenía que tener lugar bajo la supervisión de John.



Como comenté anteriormente, los dos años de trabajo con John es lo que me permitió darme cuenta que John no era solo una gran investigador y científico, como afortunadamente muchos otros investigadores. No, John era algo más. No sabría definirlo, pero quizás lo podría equiparar a aquel sabio al que todos los maestros van a pedir consejo. John no era médico, era neurofisiólogo, y sin embargo su laboratorio estaba lleno de neurólogos jóvenes y seniors que realizaban estancias de diferente duración, duración que iba de unos pocos meses (la mayoría) a varios años (la minoría). No sólo había neurólogos, que eran la mayoría, sino también fisioterapeutas y psicólogos (los menos) y bueno, yo, un licenciado en Educación Física (cuestión por cierto que nunca pareció importar a John a la hora de aceptarme en su laboratorio). Muchos de los investigadores que realizaban estancias de pocos meses lo hacían porque simplemente iban al laboratorio de John a realizar experimentos previamente diseñados y contar con la supervisión de John. Por ello, me fascinaba y sorprendía por la cantidad de investigadores de gran nivel que de repente asumían un rol de estudiantes a su llegada al laboratorio de John. Era habitual también la llegada de grupos de entre 5 y 10 investigadores japoneses que venían dos semanas para poder realizar estudios con protocolos de estimulación cerebral que no estaban permitidas en Japón o Estados Unidos. Las cualidades de John no se resumen únicamente en un gran conocimiento de la neurofisiología humana. El control y dominio del uso de técnicas neurofisiológicas era apabullante. Recuerdo el sudor de mis colegas y el mío propio cuando intentábamos medir el reflejo H de los flexores de la muñeca, manipulando el estimulador eléctrico una y otra vez sin conseguir evocar dicho reflejo y recuerdo claramente a John entrar en el laboratorio, preguntarnos que ocurría al ver nuestras caras de frustración y al instante hacerse con el estimulador y evocar el reflejo en uno de nosotros en menos de 2 minutos. Y esto no era "suerte", a lo largo de los dos años con John me di cuenta que él vivía única y exclusivamente para la investigación. Era el primero en llegar al laboratorio y el último en irse. Daba igual a la hora del día que le mandarás un e-mail, sabes que en 5 minutos te contestaría. John era una persona peculiar, en ocasiones más fácil interactuar con él por e-mail que en persona. Su peculiar risa (carcajada diría yo) que oíamos desde nuestra sala de trabajo procedente de su despacho siempre nos hacía sonreír, al igual que sus "famosos" calcetines rojos (independientemente del color de calzado usado). En los congresos en los que participaba como ponente solo lo verías durante la ponencia o viendo exhaustivamente otras ponencias, comunicaciones o posters. El resto del tiempo estaba en su habitación del hotel trabajando y contestando e-mails.


John Rothwell se retiró hace unos meses, concretamente en mayo del presente año 2020, y tristemente no creo que haya nadie que pueda continuar la dinastía Marsden-Rothwell. Quizás lo que más aprendí de John es que lo importante es la calidad del trabajo que realizas, la pertinencia de lo que quieres resolver con tu investigación, sin importar para nada que "journal" publicará tu trabajo, ya que si es bueno será reconocido por otros investigadores. En mi estancia en el Sobell Department of Motor Neuroscience (así se llamaba el departamento al que pertenecía su laboratorio) conocí a grandes y brillantes investigadores, algunos de ellos se convirtieron en amigos (una de ellas en mi esposa) y no recuerdo nunca nunca, hablar sobre índice de impacto de revistas, índice H, y otras cuestiones que tristemente parece preocupar más a jóvenes investigadores que la propia investigación. Quizás eso explica porque en esos dos años realizamos grandes estudios en un ambiente de colaboración y discusión constructiva que nunca he tenido la oportunidad de repetir.

Algunos miembros del grupo que estabamos disponibles para la foto (y no, no está mi mujer entre ellos)

En el año 2018 realicé otra estancia postdoctoral en el departamento de psicología de la Universidad de Berkeley, en el laboratorio de Richard Ivry. Allí puedo decir que conocí el "esnobismo" de la ciencia, donde los jóvenes investigadores valoraban los estudios en función del "journal" en el que eran publicados, en un ambiente demasiado "competitivo" que desde mi punto de vista afectaba a potenciales sinergias y colaboraciones. Recuerdo un día comiendo con Richard Ivry y uno de sus estudiantes, recientemente doctorado, que surgió la discusión de que en laboratorio realizar su postdoc. Richard sugirió a su estudiante el laboratorio de John Rothwell, a lo cual el estudiante comentó que lo había valorado pero que había comprobado que no tenían demasiadas publicaciones recientes en Nature o Science. Richard alzó las cejas y dijo a continuación (me quedó grabado!) : "ya nos gustaría a nosotros publicar una mínima parte de los estudios tan fascinantes que hace ese tipo". Supongo que Richard es otra especie a "extinguir".


Para finalizar, simplemente desearle a John un feliz retiro y que sirva esta entrada en el blog como mi pequeño homenaje a su persona.


Miguel




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